Este no es el Murakami del que ahora se habla (el de Tokio blues). Simplemente, es otro autor japonés. Con este libro inició una exitosa carrera literaria que ha compaginado con la de director de cine.. La novela fue publicada en 1976 y ganó el prestigioso premio Akuragawa
El autor propone un escenario donde los personajes, jóvenes desarraigados, llenan su tiempo de sexo, drogas y violencia. No hay un argumento definido. La narración es un tramo de sus vidas; sin inicio ni final concretos.
Uno de los adolescentes que bordean el abismo, narra en primera persona, con total alejamiento emocional, cuanto sucede en la novela: las orgías que organiza para los soldados de la cercana base americana, las alucinaciones de sus cuelgues, la violencia gratuita, las extrañas relaciones interpersonales y sus incoherentes diálogos,….todo empañado de sudor, vómito, sangre y suciedad.
Si el autor pretende crear en el lector la confusión y desorientación que sufren los personajes del relato, lo consigue. Uno termina perdiendo el hilo de la trama llegando a no saber de quién es el culo que sangra, quién es el que se ha perforado la vena con la jeringuilla o quién es el que vomita desnudo en la moqueta mientras algún otro pincha un disco de The Doors.
El libro está bien escrito, aparte de la asepsia descriptiva me han gustado los diálogos, dosificados y ralentizados conforme a las situaciones que viven los personajes, es decir, conforme a la heroína va haciéndoles efecto.
Leerlo se acerca a ver un Gran Hermano en plan “gore”: no llegas a entender muy bien el comportamiento de los personajes pero, ahí están, haciendo de su capa un sayo. Incluso podría presentarlo Mercedes Milá vestida de gótica.

