domingo, 2 de agosto de 2009

Bartleby, el escribiente (Herman Melville)

Melville escribió este relato en 1853, dos años después que su obra maestra Moby Dick. Este es mi primer acercamiento a la obra de este autor y un estímulo para continuar conociéndola. La historia de Bartleby desconcierta y crea una desazón en el lector que sólo puede diluirse con el entendimiento: dedicando tiempo a construir interpretaciones que nos serenen con su lógica.
No es nada fácil encontrar un asidero por el que empezar a ascender en busca de una explicación del extraño comportamiento del escribiemte, que declina todas las peticiones y órdenes de su jefe siempre con la misma frase: "Preferiría no hacerlo"
No sin contradicciones, pensé que hay un Barleby en cada uno de nosotros, el mismo que enterramos en las acciones que hacemos sin preferirlas. Que podría enfocar la historia sustentándola en el concepto de resistencia pasiva, para la época una nueva forma de defensa y ataque que desafía los métodos tradicionales de represión. Y que podría también hablarse de Baterbly y su actitud como elemento expiatorio que ponen a prueba las conciencias de una sociedad marcada por el dinero y la utilidad. Y de la elección. Y de las ganas de vivir, de la concepción de la vida como sueño o realidad. De nuestra actitud indolente ante todas aquellas posibilidades que tenemos a nuestro alcance, que usando de ellas nos harían grandes, sabios, honestos y por tanto mejores y que con la misma terca e implacable negligencia de Baterbly preferirimos no hacer. Me quedo con esta última interpretación, como el que se para ante un cuadro de Tapies, Miró, Kandisky o Duchamp y piensa e interpreta lo que le da la gana y que encaja con el motivo según su entendimiento.

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