martes, 23 de marzo de 2010

Escribir es un tic (Fracesco Piccolo)

     Cuando leo un buen libro, no hay ocasión en la que no relea determinados pasajes una y otra vez. Me cautivan, me maravillo de la habilidad que ha tenido el autor para escoger las palabras adecuadas y colocarlas en el orden preciso; cómo surge una delicada armonía entre la expresión y el pensamiento, paisaje, o sensación que pretende transmitir. Pienso que quien así lo hizo está iluminado por las musas, que la genialidad es el único origen posible del arte en la escritura. De este goce estético e intelectual surge siempre un componente de admiración de la obra y del autor. Una admiración que, en mi caso, crece cuando pretendo escribir algo, un cuento, una reseña, lo que sea, y la tarea se complica; acaba uno encubriendo su incapacidad, escondiéndola detrás de las palabras, sin atisbar siquiera de lejos la armonía y lucidez expresiva que son corrientes en las páginas de esas obras admiradas. Es natural que esta impotencia avive la curiosidad por conocer las historias y particularidades del proceso de creación de los escritores. De ello trata este libro.
     Si nos dejamos llevar por una sana ingenuidad, los que nos maravillamos de la aparente facilidad con que los buenos escritores juntan palabras, crean personajes y construyen historias, tenemos en Escribir es un tic un aliviadero de frustraciones: el autor, apoyándose en las palabras de muchos escritores y en anécdotas o referencias de sus trabajos, desmitifica el proceso de creación de una obra literaria como resultado único de la inspiración. Detrás de cada obra hay mucho trabajo, una dedicación constante y un cierto orden, es decir, un método
     Este es el denominador común de todo escritor; a partir de aquí, cada uno perfila su procedimiento de trabajo y va adquiriendo costumbres o manías particulares, tics que contribuyen a asentar el método y sentirlo como propio e irrenunciable.
     La importancia del método, de la construcción de un proyecto basado en la constancia, el tesón y la dedicación diaria es origen de casi todas las maravillas literarias que a los legos nos parecen imposibles, extraordinarias y fruto de mentes privilegiadas. No es así (aunque siempre existirán los genios); una mente reflexiva, con el adecuado esfuerzo y dedicación puede crear buena literatura.
     Vale, el método es parte importante, pero no puede ser todo. Lo que no dice Francesco Piccolo es lo que arrecogiendobellotas me comentó en una ocasión: “hoy escribe cualquiera y bien, la técnica de la escritura está al alcance de todos. Pero no todos son capaces de construir una historia que conmueva, apasione o anime al lector a seguir hasta el final con entusiasmo.” Es cierto, hoy quizá sean la imaginación, la creatividad, la capacidad de seleccionar y enfocar temáticas, el marchamo del buen escritor, del gran observador..., y esto ya va en cada uno. ¿No?
De cualquier modo…¡a trabajar!

4 comentarios:

Peri Lope dijo...

Estoy de acuerdo conlo que dices, Amilcar, y suscribo la frase de Arrecoigiendobellotas: hay mucha novela de taller literario (a+b=c) que sólo se sincera con el lector al final, para comprobar este que entre las páginas no había nada, a menudo ni siquiera un estilo propio.

Por otra parte, yo no me preocuparía por tus reseñas: le agarran a uno.

amilcar dijo...

Mil gracias Peri, muy amable; el rubor que me provoca tu comentario final alienta mis ganas de seguir peleándome con las palabras....aunque casi siempre pierda.

Arrecogiendobellotas dijo...

Este tipo de libros, los de técnica de escritura o proceso de creación literaria, me encantan. Durante su lectura anestesian la insatisfacción permanente de no iniciar la novela que uno tiene en mente y son una excelente excusa para continuar sin escribir.
Por cierto, ¿qué haces leyendo a McCarthy? ¡Cormac McCarthy es mío!, ¡sólo mío!

Andreu Romero dijo...

Esta misma entrada ya es buena literatura, no importa escribir una novela :) Yo creo que escribir bien tiene solo un ingrediente básico; vale que hay muchos factores y motivaciones que influyen, pero yo creo que lo esencial es... que te guste lo que estás escribiendo. Sin más. El lector lo nota automáticamente.

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